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jueves, 9 de abril de 2020

JOHN KEATS Y SU NOMBRE ESCRITO EN EL AGUA.


JOHN KEATS.
LAS 10 ESCULTURAS MÁS SIGNIFICATIVAS para el tiempo de CUARENTENA. Segunda escultura.
JOHN KEATS Y SU NOMBRE ESCRITO EN EL AGUA.
El poeta John Keats, como muchas de las personas cuyas tumbas se encuentran en la parte más antigua del cementerio, no era ni rico ni famoso cuando murió en 1821. No quería ver su nombre escrito en la piedra, sino solo la línea "Aquí yace uno cuyo nombre está escrito en el agua”.  También solicitó una imagen de una lira griega, con una cuerda rota, que simboliza el silenciamiento de la voz poética. Este motivo, único en el cementerio, se basa en la poesía de Keats, especialmente en su Endymion, pero tiene raíces en la antigüedad.
El año posterior a la muerte de Keats, se construyó un muro alrededor de la parte más antigua del Cementerio, conocida posteriormente como la Parte Antica, y se colocó una nueva sección al oeste, con terrazas regulares. No se permitirían más entierros en la Parte Antica, aunque esta regla se violó ocasionalmente.





jueves, 26 de diciembre de 2019

JOHN KEATS

john keats. 
MARTES, 21 DE MARZO DE 2017
Me fascina el componente literario de los viajes. Cualquier excusa es válida, en realidad, mientras se mantenga el espíritu viajero y no se convierta uno en un turista. En esta ocasión viajé a Roma (más exacto sería decir que peregrinaba) porque había idealizado por varios motivos el lugar en el que está enterrado John Keats.

Por un lado y principalmente, porque posee el epitafio más hermoso del mundo; por supuesto, también por la calidad de su obra y el respeto que le profeso. También me influyó mucho leer lo que Oscar Wilde escribió sobre ese lugar (él mismo se postró en su momento ante esa tumba), en un artículo de 1877 titulado sencillamente “La tumba de Keats” en el que describe el cementerio en el que se encuentra y dice preciosas cosas como esta:
“En pie junto a la tumba mezquina de este divino adolescente, yo lo veía como a un sacerdote de belleza prematuramente inmolado (…)”

Una motivación más era el magnífico poemario “La tumba de Keats” (1999) del genial Juan Carlos Mestre, uno de nuestros poetas nacionales más destacados, que escribió parte de ese largo poema allí mismo:
“He pasado la tarde junto a la tumba de Keats,
me he postrado ante la guarida donde la divinidad no es un ser poderoso,
no he descendido a ningún otro infierno que no fuese mi vida (…)”
Mucho se ha escrito sobre este lugar, el Cimiterio Protestante o Acattolico de Roma, que allí consideran un museo. Es precioso, sosegado, se detiene el tiempo tras atravesar la puerta como suele suceder en estos lugares (en cuanto se sale de España, el drama de visitarlos y venerarlos, desaparece). Hay una pequeña tienda a la entrada con ediciones conmemorativas de los románticos ingleses más conocidos, postales, etc., también hay huchas diseminadas por los muros, para hacer donativos al cuidado de los gatos que habitan entre las lápidas. Hay unas esculturas preciosas en otras tumbas, una placa conmemorativa a Percy Shelley, un banco de madera ante las tumbas de Keats y Severn. Y el respeto que se respira allí, también es digno de mención. Es fácil encontrar mapas en línea que sitúan este preciado pequeño lugar en el mundo, en la esquina derecha del recinto dejando a la espalda la pirámide de Cayo Cestio, no tiene pérdida. Hay un algo imantado que arrastra hacia ese punto nada más llegar, quizá sea sugestión pero la sensación es la de estar muy cerca de algo sagrado, la emoción es real, la de los visitantes que no pasaban por allí de casualidad. Es indescriptible, en cualquier caso, que siga inspirando generaciones desde 1821…

ATENCIÓN. Las fotos son personales tomadas el 10 de noviembre de 2019 




miércoles, 25 de diciembre de 2019

PERCY BYASSHE SHELLEY.

PERCY BYSSHE SHELLEY
Lápida de la tumba de PERCY BYSSHE SHELLEY. Foto personal tomada el 10 de noviembre de 2019.
En este espacio los numerosos memoriales que recuerdan la vida y obras de poetas y escritores del movimiento romántico es impresionante por su calidad y cantidad.
RECURSO.
MARY SHELLEY GUARDABA EL CORAZÓN DE SU ESPOSO ENVUELTO EN SEDA EN SU ESCRITORIO
El 8 de julio de 1822 Percy Bysshe Shelley y dos acompañantes, Edward Ellerker Williams y Charles Vivien, se ahogaron en el golfo de La Spezia mientras navegaban en el barco de vela de Shelley, el Don Juan ‒más tarde renombrado como Ariel‒, como consecuencia de una repentina y terrible tormenta cuando volvían de Livorno a Lerici. Shelley estaba a punto de cumplir los 30 años y regresaba de un viaje para ultimar los preparativos del lanzamiento de El Liberal, un periódico que iba a publicar con la colaboración de Lord Byron y del también poeta Leigh Hunt. Las circunstancias alrededor de esta tragedia siguen siendo a día de hoy un misterio, ya que el trayecto no era demasiado largo y los acompañantes de Shelley ‒además del propio Shelley‒ tenían experiencia en el mar. Entre las causas más posibles se señalan desde un defecto en el barco o la falta de experiencia de Shelley como marinero hasta un suicidio, un asesinato por razones políticas o la posibilidad de que el barco hubiera sido abordado por piratas o embestido por otra embarcación.
Durante varios días no se encontraron los cuerpos y es muy probable que ahí hubiera terminado la historia si el aventurero y amigo de Shelley Edward John Trelawny no hubiera intervenido. Trelawny, que aunque conocía a Shelley desde hacía pocos meses se sentía muy unido a él, buscó los cuerpos varios días hasta que el 16 de agosto consiguió localizar los restos de Shelley, que habían aparecido en una orilla. Trelawny tuvo que negociar con tres gobiernos distintos, Lucca, Florencia y Pisa, ‒porque en ese momento Italia todavía no estaba unificada‒ para conseguir que le dieran el permiso para acceder a los cuerpos e identificarlos. Según la ley los cuerpos de ahogados en el mar debían ser cubiertos por cal viva para acelerar su descomposición por temor a la enfermedad y enterrados inmediatamente, por lo que el traslado a Inglaterra quedaba descartado.
Sin embargo, Trelawny consiguió sobornar a las autoridades para incinerar los restos de Shelley, con el argumento de que el fuego eliminaría cualquier posibilidad de contagio. La excavación de la tumba de Shelley llevó más de una hora y uno de los operarios agrietó accidentalmente el cráneo del cadáver, pero el cuerpo fue exhumado y finalmente incinerado. Así recuerda Trelawny en sus memorias ese momento: «El fuego era tan feroz como para producir un calor blanco en el hierro, y para reducir su contenido a gris ceniza. Las únicas partes que no se consumieron fueron algunos fragmentos de huesos, la mandíbula y el cráneo, pero lo que nos sorprendió fue que el corazón se mantuvo entero. Al arrebatar esta reliquia del fuego de la pira mi mano quedó muy quemada».
En efecto, Trelawny salvó del fuego el corazón de Shelley. La intención del aventurero era darle las cenizas a Mary, la esposa de Shelley, y quedarse el corazón para sí mismo, pero presionado por Hunt Trelawny tuvo que olvidar su empeño de guardar el corazón. Fue Hunt quien entregó el corazón de Shelley a Mary, que lo guardó en su escritorio, envuelto en seda, hasta su muerte en 1851. El destino final del corazón de Shelley se selló de forma definitiva en 1889, al ser enterrado con el cuerpo del único hijo superviviente del matrimonio, Percy Florence Shelley, en la tumba que había sido construida para él y su madre.
Hay historiadores que contemplan la posibilidad de que aquello que Mary Shelley acariciara envuelto en seda durante casi treinta años no fuera el corazón de su esposo sino su hígado. Un final que aún siendo menos romántico, lo es más que el que tuvo Lord Byron, cuyos restos fueron profanados muchos años después de su muerte




martes, 24 de diciembre de 2019

JOHN KEATS Y JOSEPH SEVERN

LAS TUMBAS DE JOHN KEATS Y JOSEPH SEVERN. 
(Fotos personales tomadas el 10 de noviembre de 2019.
RECURSO. 
Ya no crecen margaritas sobre su tumba, tal y como era su deseo, ni tampoco se ha convertido en alguien cuyo nombre fue escrito en el agua, por mucho que en su lápida no figure su nombre, y todo se resuma a un poema y a una lira a la que le faltan la mitad de las cuerdas. Sólo hace falta rendir una visita al Cimetero Acattolico de la ciudad de Roma en Campo Certio, para darnos cuenta del halo que desprende la obra de este joven poeta (fallecido a los veinticinco años el veinticuatro de febrero de mil ochocientos veintiuno) en el espíritu de todos aquellos que necesitan de la belleza para sobrevivir. Sus poemas, aunque escasos, con el paso del tiempo se han convertido en una especie de maná con el que muchos alimentan su alma, pues no son pocos los que buscan la verdad y la belleza más allá de su anodina existencia, y cuando encuentran los poemas de Keats, ya no pueden dejar de leerlos para alimentar a su maltrecho espíritu. En este sentido, el caminito enlosado que nos lleva hasta su tumba así lo atestigua, pues es pisado una y otra vez por un buen número de penitentes que quieren cumplir con la liturgia de visitar el lugar donde descansan los restos de su poeta entrañable o favorito. No hace falta sino permanecer unos minutos a su lado, para comprender que John Keats forma parte del Olimpo de los elegidos, y no sólo por parte de la crítica literaria inglesa, que le considera como el más destacado de sus poetas de la parte final del Romanticismo, sino porque sus odas son ya patrimonio de la humanidad. Si su maltrecha salud no fue capaz de sobreponerse al paso del tiempo, sus versos y poemas sí lo han hecho, y se han erigido en el máximo estandarte de una forma de sentir y vivir la vida que no conoce de fronteras, salvo la de los sentimientos. La verdad, la belleza o la transformación en ruiseñor a través de lo que él llamaba como capacidad negativa son algunos de los signos de identidad del poeta que quedarán por los siglos de los siglos, y que nos llevarán hacia ese otro territorio donde sólo le está permitido a las mariposas posarse sobre las flores.
Y a su lado, el fiel Joseph Severn, amigo accidental que en un principio le acompañó en su viaje hacia la muerte, y que después se convirtió en el gran apoyo y albacea de sus últimos días en este mundo. Gracias a Severn conocemos la cronología de unos días teñidos de sufrimiento y duermevela que no han hecho sino acrecentar la gloria del poeta a través del hombre que aguantó todo lo que pudo hasta que sus ojos se cerraron en el sueño más profundo. Menos mal, que tras de sí quedará la gloria de aquellos que con su presencia hicieron del mundo un lugar diferente, en este caso, un lugar donde la contemplación de la naturaleza, o la necesidad de amar son el primer y último hálito de una forma de entender la vida.
Artículo de Ángel Silvelo Gabriel.




JOHN KEATS. - Oda a la muerte.

MEMORIAL DE JOHN KEATS. Fotos personales tomadas el 10 de noviembre de 2019
Este espacio es emblemático del espíritu del movimiento romántico. El visitar y enfrentar la tumba del poeta Keats me ha compelido a conocer su obra. Creo que esas acciones son efectos colaterales de estas caminatas que me enriquecen cada día. Espero en algún momento poder traducir su epitafio que es brillante.
RECURSO.
John KeatsLondres, 31 de octubre de 1795-Roma, 23 de febrero de 1821) fue uno de los principales poetas británicos del Romanticismo.
Durante su corta vida su obra fue objeto de constantes ataques y no fue sino hasta mucho después que fue completamente reivindicada. La lírica de Keats se caracteriza por un lenguaje exuberante e imaginativo, atemperado por la melancolía. Keats tenía con frecuencia la sensación de trabajar a la sombra de los grandes poetas del pasado y sólo hacia el final de su efímera vida, cuando sentía cerca la oscuridad de la muerte, fue capaz de producir sus poemas más auténticos y memorables
He aquí la Oda a la Muerte justamente de Keats.
¿Puede la Muerte estar dormida, si la vida es solo un sueño,
Y las escenas de dicha pasan como un fantasma?
Los efímeros placeres a visiones se asemejan,
Y aun creemos que el dolor más grande es morir.
II
Cuán extraño es que el hombre deba errar sobre la tierra,
Y llevar una vida de tristeza, pero que no abandone
Su escabroso sendero, ni se atreva a contemplar solo
Su destino funesto, que no es sino despertar.



JIA RUSKAJA. Evgeniya Fyodorovna Borisenko. 1902-1970. Bailarina

JIA RUSKAJA. Evgeniya Fyodorovna Borisenko. 1902-1970. Bailarina RECURSO.  Jia Ruskaja  (nacida como  Evgeniya Fyodorovna Borisenko  , en ru...